La tarde continuaba amenazante de fuertes precipitaciones, mientras tanto, Jane miraba por la ventana de su habitación como empezaban a caer unas primeras gotas de lluvia traviesas que mojaban todos los campos al unísono... entonces Jane pensó para ella: "Otra vez coincide la lluvia con el desfile de estos santurrones, seguro que esta noche me tocará charla del mentor... que remedio...".
Jane apartó la mirada y suspiró apoyando su cabeza sobre sus manos con mucha desgana, estando absorta de todo sobre unos 5 minutos, hasta que su madre gritó:
-¡Venid corred! -
Cuando Jane bajó las escaleras pudo ver entrando a su hermana Yuliel Scarlet con unos atuendos blancos, formados por una capucha con orejeras, una capa larga por los tobillos, un pantalón ceñido y unas botas con adornos dorados. Este atuendo era propio de los altos cargos de la religión que veneraba a Jose Antonio como profeta redentor del mundo.
El semblante de Yuliel era serio, la capucha le tapaba toda una melena igual que la de su hermana Jane, con la diferencia de que su flequillo tapaba media cara, pero se podían observar también unos ojos azules aguamarina sobre un pálido rostro angelical que tentó a decir:
-He de agradecer los cargos que mi padre me ha impuesto como gran mentor del pueblo...-
Ilhära miraba a su hija con tremenda devoción y con un resquicio de incertidumbre invisible a todo el mundo que le hacía temer algo que no se podía imaginar en aquel entonces qué sería...
Yuliel se acercó a sus hermanas para darle un abrazo a cada una de ellas, y, quitándose la capucha señaló en ese momento con una sonrisa cortada a su progenitor, que entraba en aquel momento por la puerta de la casa:
-Saludos mi querida familia. Que la bendición de Jose Antonio esté con todas vosotras.-
Dijo una figura con la misma vestimenta que Yuliel... El patriarca de los Scarlet era muy alto, puesto que medía sobre 1.87, de pelo totalmente canoso, corto y de punta...
El patriarca continuó caminando hacia su mujer para darle dos besos y acabar asintiendo de manera solemne, como si hubiera sucedido el acontecimiento más esperado por todos... tras unos segundos de silencio ciertamente incómodo, prosiguió:
-Nuestra hija mediana ya ha alcanzado el sol, a su tierna edad...-
Ilhära respondió con la voz algo temblorosa:
-Tú siempre has querido lo mejor para mi y para tus hijas ¿No es cierto Harald?-
Harald, su marido por un acuerdo que parecía que en ese momento acababa de desvanecerse en el aire de la iniciada conversación contestó:
-Las tropas que tenemos la bendición de nuestro profeta y avatar de Dios, Jose Antonio, no fallaremos en nuestra encomendada tarea, y debéis estar todas preparadas.
El patriarca de la familia salió de la casa mirando a su hija Yuliel, quien le siguió de cerca...
Ante la mirada, esta vez algo triste, de Yuliel, Jane no pudo contener su curiosidad y en el mismo momento dijo... voy a comprobar que nuestro huerto siga dando sus frutos madre...
Ilhära miró con extrañeza a Jane, puesto que nunca hacía esta tarea de buen grado, pero esa noche, asintió de una manera casi automática y salió tras su padre y su hermana a una distancia prudencial para que ambos no se percataran de que eran seguidos.
La noche comenzaba a ser muy profunda... no había luna en el cielo... parecía como si la oscuridad fuera a tragarse el pueblo junto con la ladera, donde lo único que brillaban, eran las ventanas de la academia donde se impartían las clases en lo alto de la ladera.
Yuliel y Harald comenzaron por cruzar la plaza del pueblo mientras tocaban a algunas puertas en concreto y salían más miembros de la orden de Jose Antonio con la misma vestimenta que portaban su hermana y su padre...
Jane siguió muy sigilosamente y desde tan lejos al gentío que iba tras su padre, que casi los pierde de vista en un par de ocasiones, para finalmente llegar a la parte trasera de la ladera, donde se encontraba un pozo clavado con unos tablados para evitar que la gente bajara...
La gente, que rondaban los 11 aldeanos contando a la hermana y el padre de Jane, se puso alrededor del pozo, mientras que, Harald, se situó jústamente sentado sobre los tablados que impedían el descenso al pozo, y sin más dilación comenzó a decir:
- Nos hemos reunido los caminantes hacia la verdad, los caminantes hacia la luz que nos ilumina a través de Jose Antonio, nuestro profeta elegido como divinidad protectora asimismo...
Hoy es el día en el que una nueva promesa de Jose Antonio nos ayudará a descubrir la verdad sobre el algoritmo del tiempo y sobre cómo obtener la vida eterna... demos gracias a los conocimientos impartidos por Jose Antonio...-
Toda la gente entró en un trance seguido de un silencio sepulcral que daba verdadero miedo, cuando de repente, Harald comenzó a levitar y un rayo que pasó a través de su cuerpo destruyó los tablados que bloqueaban el pozo...
CONTINUARÁ...
La tarde continuaba amenazante de fuertes precipitaciones, mientras tanto, Jane miraba por la ventana de su habitación como empezaban a caer unas primeras gotas de lluvia traviesas que mojaban todos los campos al unísono... entonces Jane pensó para ella: "Otra vez coincide la lluvia con el desfile de estos santurrones, seguro que esta noche me tocará charla del mentor... que remedio...".
Jane apartó la mirada y suspiró apoyando su cabeza sobre sus manos con mucha desgana, estando absorta de todo sobre unos 5 minutos, hasta que su madre gritó:
-¡Venid corred! -
Cuando Jane bajó las escaleras pudo ver entrando a su hermana Yuliel Scarlet con unos atuendos blancos, formados por una capucha con orejeras, una capa larga por los tobillos, un pantalón ceñido y unas botas con adornos dorados. Este atuendo era propio de los altos cargos de la religión que veneraba a Jose Antonio como profeta redentor del mundo.
El semblante de Yuliel era serio, la capucha le tapaba toda una melena igual que la de su hermana Jane, con la diferencia de que su flequillo tapaba media cara, pero se podían observar también unos ojos azules aguamarina sobre un pálido rostro angelical que tentó a decir:
-He de agradecer los cargos que mi padre me ha impuesto como gran mentor del pueblo...-
Ilhära miraba a su hija con tremenda devoción y con un resquicio de incertidumbre invisible a todo el mundo que le hacía temer algo que no se podía imaginar en aquel entonces qué sería...
Yuliel se acercó a sus hermanas para darle un abrazo a cada una de ellas, y, quitándose la capucha señaló en ese momento con una sonrisa cortada a su progenitor, que entraba en aquel momento por la puerta de la casa:
-Saludos mi querida familia. Que la bendición de Jose Antonio esté con todas vosotras.-
Dijo una figura con la misma vestimenta que Yuliel... El patriarca de los Scarlet era muy alto, puesto que medía sobre 1.87, de pelo totalmente canoso, corto y de punta...
El patriarca continuó caminando hacia su mujer para darle dos besos y acabar asintiendo de manera solemne, como si hubiera sucedido el acontecimiento más esperado por todos... tras unos segundos de silencio ciertamente incómodo, prosiguió:
-Nuestra hija mediana ya ha alcanzado el sol, a su tierna edad...-
Ilhära respondió con la voz algo temblorosa:
-Tú siempre has querido lo mejor para mi y para tus hijas ¿No es cierto Harald?-
Harald, su marido por un acuerdo que parecía que en ese momento acababa de desvanecerse en el aire de la iniciada conversación contestó:
-Las tropas que tenemos la bendición de nuestro profeta y avatar de Dios, Jose Antonio, no fallaremos en nuestra encomendada tarea, y debéis estar todas preparadas.
El patriarca de la familia salió de la casa mirando a su hija Yuliel, quien le siguió de cerca...
Ante la mirada, esta vez algo triste, de Yuliel, Jane no pudo contener su curiosidad y en el mismo momento dijo... voy a comprobar que nuestro huerto siga dando sus frutos madre...
Ilhära miró con extrañeza a Jane, puesto que nunca hacía esta tarea de buen grado, pero esa noche, asintió de una manera casi automática y salió tras su padre y su hermana a una distancia prudencial para que ambos no se percataran de que eran seguidos.
La noche comenzaba a ser muy profunda... no había luna en el cielo... parecía como si la oscuridad fuera a tragarse el pueblo junto con la ladera, donde lo único que brillaban, eran las ventanas de la academia donde se impartían las clases en lo alto de la ladera.
Yuliel y Harald comenzaron por cruzar la plaza del pueblo mientras tocaban a algunas puertas en concreto y salían más miembros de la orden de Jose Antonio con la misma vestimenta que portaban su hermana y su padre...
Jane siguió muy sigilosamente y desde tan lejos al gentío que iba tras su padre, que casi los pierde de vista en un par de ocasiones, para finalmente llegar a la parte trasera de la ladera, donde se encontraba un pozo clavado con unos tablados para evitar que la gente bajara...
La gente, que rondaban los 11 aldeanos contando a la hermana y el padre de Jane, se puso alrededor del pozo, mientras que, Harald, se situó jústamente sentado sobre los tablados que impedían el descenso al pozo, y sin más dilación comenzó a decir:
- Nos hemos reunido los caminantes hacia la verdad, los caminantes hacia la luz que nos ilumina a través de Jose Antonio, nuestro profeta elegido como divinidad protectora asimismo...
Hoy es el día en el que una nueva promesa de Jose Antonio nos ayudará a descubrir la verdad sobre el algoritmo del tiempo y sobre cómo obtener la vida eterna... demos gracias a los conocimientos impartidos por Jose Antonio...-
Toda la gente entró en un trance seguido de un silencio sepulcral que daba verdadero miedo, cuando de repente, Harald comenzó a levitar y un rayo que pasó a través de su cuerpo destruyó los tablados que bloqueaban el pozo...
CONTINUARÁ...